La música, un lenguaje de fraternidad

La música, un lenguaje de fraternidad

“Gen” por “generación nueva” y “Rosso”, por el color de la primera batería que en el año 1966 Chiara Lubich le regaló a un grupo de jóvenes de la Ciudadela de Loppiano que aún hoy, aunque siendo otros, seguimos con el mismo entusiasmo…

Testimonio de Juan Francisco Villalba

Mi experiencia comienza a fines de febrero de 2019, cuando me sumé a la banda como guitarrista para encarar un proyecto en Jordania organizado junto a la Cáritas Jordan, con el objetivo de compartir una serie de workshops y conciertos con jóvenes de diversas escuelas. Pero la primera pregunta que podría surgir es: ¿Cómo llega un joven argentino, estando tan lejos de Italia, a ser guitarrista del Gen Rosso? Desde hace unos dos años aproximadamente, existe un proyecto dentro del Movimiento de los Focolares llamado Progetto Giovani, donde jóvenes de distintas nacionalidades y credos confluyen y comparten la vida cotidiana de Loppiano, además de vivir una experiencia en algunos de los diversos ámbitos de esa Ciudadela. Uno de esos ámbitos es el Gen Rosso, desde donde transmitimos valores fundamentales para el desarrollo humano y social a través de canciones y presentaciones: educación por la paz, valores de vida, solidaridad y trabajo en equipo, apertura a una sociedad multiétnica, diálogo entre generaciones… el mundo como una familia basada en la fraternidad.

Desde que me comuniqué con José Juan (Quesada, manager del Gen Rosso) y me contó de qué se trataba el proyecto, lo vi como algo diferente e interesante. Pero encarar este viaje realmente era algo totalmente nuevo para mí, implicaba pausar por algunos meses el trabajo y los proyectos en Tandil, mi ciudad, y entregarme de lleno a esa experiencia; sin embargo era un desafío genial que estaba dispuesto a hacer. Después de preparar las canciones que serían parte de la gira, volé hacia Italia y conocí por primera vez Loppiano y a los integrantes del Gen Rosso. Me sentí en familia, realmente como en casa.

El proyecto que llevamos a Jordania tuvo por nombre “Be the change” (“Ser el cambio”). Fueron cinco semanas durante las que nos instalamos en Ammán, trabajando los workshops para un total de 500 jóvenes de distintas escuelas tanto de esa ciudad como también de Madaba y Al Fuheis.

Cada semana compartimos con unos 100 chicos un total de cuatro workshops: de baile, de percusión, de comunicación y de canto coral, del que fui parte junto a Michele, uno de los cantantes del Gen Rosso. Los estudiantes elegían en qué workshop inscribirse durante esa semana y llegado el día del show, luego de hacer una prueba en el escenario, participaban con nosotros durante el concierto formando parte en distintas canciones.

En los workshops se generaba un clima especial, ya que cada día previo a separarnos en grupos teníamos un momento de input con los chicos y directivos y proponíamos una frase con la idea de ponerla en práctica durante esa jornada. Eran frases de canciones del Gen Rosso: “For one another” (“uno para el otro”) o “Making space for love” (“haciendo espacio al amor”).

Los conciertos fueron sin dudas particulares, el punto culmine de ese trabajo en conjunto. Era hermoso comprobar el progreso de cada grupo; muchos chicos no se conocían entre sí pero lograron crear entre ellos y con nosotros una experiencia de fraternidad muy fuerte, poniendo en práctica concretamente la construcción de un mundo más unido.

Fue también para mí una vivencia nueva, de renovación del alma… Una inyección de fuerza poder transmitir tanto desde ese lenguaje tan especial, la música, desde donde siento que puedo hacer un bien mayor al mundo, más aún si se comparte con esta familia que es el Gen Rosso.

Artículo publicado en la edición Nº 612 de la revista Ciudad Nueva

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