Chiara Lubich: ¿Sabes dónde estamos?

Chiara Lubich: ¿Sabes dónde estamos?

Es el 16 de julio de 1949. Chiara Lubich se encuentra en Tonadico, en las Dolomitas, al norte de Italia, para pasar unos días de descanso junto con algunos de los primeros compañeros y compañeras. Allí se les une el diputado Igino Giordani, a quien Chiara llamaba Foco. Ese día, Chiara y Foco sellan un Pacto de Unidad, preludio de la experiencia espiritual y mística que Chiara vivirá entre 1949 y 1951. Un período conocido como «Paraíso ‘49», cuyos textos se han publicado recientemente en un volumen (que próximamente Ciudad Nueva publicará en español). En la introducción al mismo, el teólogo Piero Coda ofrece algunas reflexiones «Para una lectura teológica» del texto. Publicamos un extracto, relacionado precisamente con el Pacto del 16 de julio, junto con un breve vídeo de Chiara Lubich del 20 de diciembre de 1999, en el que cuenta a los Gen, los jóvenes de los Focolares, esta experiencia de luz.

He aquí, en resumen, el relato del acontecimiento (del 16 de julio) que se nos ofrece, recuperando su encantador espíritu evangélico. Ante la propuesta que Igino Giordani (Foco) le hace (a Chiara Lubich) de «unirse estrechamente» a ella para seguir más de cerca a Jesús ─como ocurría con santa Catalina y sus seguidores─, Chiara se siente impulsada a responder invitándolo a formular un «pacto», en fidelidad a la lógica evangélica a la que ha aprendido a modelar su vida [1]:

“Tú conoces mi vida: yo soy nada. Quiero vivir, de hecho, como Jesús Abandonado que se anuló completamente. También tú eres nada, porque vives de la misma manera. Pues bien, mañana iremos a la iglesia y a Jesús Eucaristía que vendrá a mi corazón, como en un cáliz vacío, yo le diré: ‘Sobre mi nada pacta tú unidad con Jesús Eucaristía en el corazón de Foco y, Jesús, haz de modo que se manifieste entre nosotros el vínculo que tú sabes’ […]”: Y luego añadí: “Y tú Foco, haz lo mismo”. (Párrs. 24 y 25 del texto de Chiara Lubich publicado en «Paraíso 49», Città Nuova, Roma 2026).

El relato es sobrio y extremadamente sencillo. El acontecimiento que surge de él como un don, una vez que se ha realizado el pacto y del que se da testimonio, supera toda expectativa humana. Y en esta forma, es también inédito en la historia de la experiencia.

Se puede intentar desentrañar su sentido a partir de lo que Chiara cuenta, en primer lugar, a Foco, para “explicarle” ─escribe─ lo sucedido. “¿Sabes dónde estamos?”: con esta pregunta comienza, invitándolo a abrir con ella los ojos del alma al escenario que se ha desvelado con el pacto. De aquí se intuye que el pacto crea las condiciones para que se produzca una gracia de Dios: la percepción mística de la presencia de Jesús en el hacerse Chiara y Foco (e inmediatamente después aquellos a los que se extiende el pacto) “una sola cosa” – realizada en Él y por Él, a través de la Palabra vivida y de la Eucaristía–. Y así en cada uno de ellos. Ciertamente, la identificación vivida y percibida, con Jesús, que experimenta Chiara, manifiesta la gracia extraordinaria común a todas las auténticas experiencias místicas atestiguadas a lo largo de la historia de la Iglesia. Pero lo que se pone de relieve, en la experiencia aquí descrita, es que esto ocurre para Chiara en la unidad en y gracias a Jesús que ella vive con Foco, y poco a poco con las demás personas a las que se les comunica la experiencia. Hasta el punto de que se les hace partícipes de ella.

Piero Coda
(Extraído de Paradiso ’49, Opere di Chiara Lubich, a cura di Piero Coda – Alba Sgariglia, Città Nuova, Roma 2026)
Foto: Baita Paradiso. Vivienda en Tonadico, Italia, donde Chiara Lubich, junto con algunas de sus primeras compañeras, se alojó durante el periodo conocido como «Paradiso ’49». © Jesús María Zamora


[1] Nos encontramos ante una característica específica de la experiencia cristiana propiciada por el Carisma de la unidad: el “pacto”. Sea cual sea su origen en el pensamiento y la práctica de Chiara, es evidente que la dinámica de “pactar” implica compartir, con quienes se involucran en el pacto, la referencia fundamental a Dios de la propia existencia y la decisión de cumplir juntos su voluntad: de modo que el pacto, entre quienes lo viven, se hace expresión del pacto con el que Dios mismo estableció una alianza con su Pueblo en el Antiguo Testamento, y que “de una vez para siempre” renovó escatológicamente en Jesús. Nos encontramos, pues, ante un “fundamento” de la experiencia de la Revelación. “Anteriormente ─recuerda Chiara en una nota─, habíamos vivido otros pactos, como el del amor recíproco. Este había realizado un salto cualitativo en nuestra vida, haciéndonos experimentar la presencia de Jesús en medio con los dones del Espíritu que Él trae consigo: la paz, la alegría, la luz, la fuerza. El pacto de misericordia, después – así llamábamos a aquel pacto con el que, nosotras focolarinas, nos comprometíamos a vernos nuevas cada día, sin recordar los defectos de la otra, como si nos encontrásemos por primera vez – nos había ayudado a perfeccionar el amor mutuo” (nota 30). El pacto de unidad, suscitado por la petición de Foco y vivido según la modalidad descrita por Chiara, produce un nuevo y decisivo ─en la lógica, se diría, del desplegarse del Carisma de la Unidad como don de Dios─ «salto de calidad»: el de la identificación, donada y percibida, con Jesús y el de reencontrarse en el seno del Padre.

Fuente: focolare.org

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