Violencia sexual: aprender a tener una mirada femenina

Violencia sexual: aprender a tener una mirada femenina

Una abrumadora cantidad de mujeres en el mundo padece abusos o violaciones. Debemos erradicar todo rasgo de machismo.

Desde hace semanas han aparecido incontables denuncias de abusos y violaciones contra mujeres en los más variados ambientes, desde Hollywood – donde se ha concluido la carrera de productores, directores y actores de esta gran industria-, al mundo del deporte. Decenas de actrices han comenzado a levantar una cortina de silencio sobre hechos conocidos.

Unicef señala que 120 millones de niñas han sufrido violencia sexual, y a nivel mundial una de cada 14 mujeres ha sufrido algún tipo de agresión sexual. Los números dan escalofríos: porque a menudo no se trata de un episodio único, sino que abusos y violaciones se repiten incluso durante años. Eso dice que, si hay cientos de millones de víctimas, hay ciento de millones de abusadores-violadores, número que se incrementa al considerar los casos que pasan bajo silencio, por temor a presentar una denuncia, a tener que revivir episodios disgustosos, o tan solo por temor a no ser creídas. Esta última es una razón muy frecuente por la que las mujeres callan. Que cada vez más haya denuncias, está dando coraje a otras mujeres para quebrar silencios.

Uno de los patrones recurrentes es la circunstancia en la que el varón detenta cierta autoridad moral o un poder, sea físico o moral, económico o, en todo caso, un poder decisional sobre la víctima. El poder presenta siempre un costado siniestro que debería inducir a la reflexión.

abuso mujeres 02Es un costado sombrío de nuestra sociedad, en la que los varones (en gran parte son los victimarios) no distinguen o no pueden distinguir entre menores, niñas y adultas objeto de sus apetitos sexuales, así como no pueden aceptar que se le haya opuesto un “no” a sus avances. A menudo se han aparecido voces que han pretendido introducir la idea de que la mujer no debería haber provocado con actitudes o indumentaria “inapropiada” ciertos casos de violencia. Y es lamentable que argumentos de este tipo han sido pronunciados por alguna figura, afortunadamente rara y aislada, de la jerarquía católica.

Los varones no son un arma que dispara porque las mujeres gatillan provocaciones. Razonar en términos tan primitivos significa aceptar que no estén en condiciones de dominar sus instintos, algo propio de trastornos mentales serios.

El del machismo en las relaciones entre mujeres y hombres es un tema demasiado amplio para tan pocas líneas y merece más espacio. Lo cierto es que hay un fuerte enfoque masculino en la visión de esta realidad que se impone desde hace siglos. La imagen “cosificada” de la mujer que se transmite, por ejemplo, en los medios, responde a ese patrón. Nos dice que es momento para empezar a aprender a ver las cosas también desde una mirada femenina. Es un aprendizaje necesario si queremos evitar que la mitad del planeta siga sufriendo la frecuente incapacidad de los varones de meterse en las circunstancias que viven las mujeres. Ya no es cuestión de humanizar la economía, la política o la globalización. Estos fenómenos nos dicen de la urgencia de humanizar las relaciones entre mujeres y hombres.

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