Una sociedad que busca ser representada de nuevos modos

Una sociedad que busca ser representada de nuevos modos

El escenario político inaugurado en diciembre de 2015 pareciera consolidarse luego de las elecciones del pasado domingo.

Propongo, entonces, intentar comprender lo acontecido revisando tres dimensiones de lo que será el panorama político nacional durante los próximos dos años:

Resultados y correlación de fuerzas:

Como dijimos, Cambiemos obtuvo a nivel nacional una clara victoria tanto numérica como simbólica, resultado magnificado porque ganó en los distritos más importantes en términos demográficos y mediáticos. Recordemos que todos los analistas políticos, tanto nacionales como internacionales, coincidían en calificar estas elecciones intermedias como la gran prueba de fuego del gobierno del ingeniero Macri. El resultado post 22 de octubre arroja que la actual administración nacional sorteó este examen electoral con firmeza y sale victorioso y fortalecido en términos políticos relativos: porque venció a su principal rival simbólico, la ex presidente Cristina Fernández, y porque refuerza una posición de poder frente a la oposición pan-peronista como así también frente a los gobernadores, los gremios y el empresariado nacional, es decir, aquellos factores de poder con peso propio en la escena política y económica argentina.

El reverso de lo recién dicho es la actitud que asumirán los derrotados el pasado domingo 22. ¿Qué posición tomarán las bancadas que responden a Unidad Ciudadana y aquellos legisladores  liderados bajo el proyecto de Sergio Massa, o los diputados y senadores justicialistas de provincias como Córdoba, Entre Ríos o Salta, cuyos gobernadores han quedado en una posición de mayor desventaja frente al fortalecido gobierno nacional? ¿Cómo reaccionarán los gremios y la CGT frente a la victoria de Cambiemos? El abanico de posibilidades a adoptar por el fragmentado arco opositor irá desde posiciones extremas de abierta confrontación e intransigencia hasta posturas de corte más dialoguista y negociadora. Como vemos, las respuestas a estos interrogantes habrá que buscarlas, principalmente, en la dinámica que adopte la interna del partido justicialista. De especial atención será el rol a jugar por los gobernadores y líderes territoriales peronistas, claves a la hora de viabilizar (o no) la gobernabilidad –tanto política como económica- durante los próximos dos años y acompañar la agenda de reformas legislativas propuesta por Cambiemos.

Reordenamiento interno del Peronismo:

Respecto a esta situación quisiéramos destacar un punto que consideramos especialmente interesante. El PJ está dividido y fragmentado en dos niveles o dos planos diferentes: tanto sus elites dirigenciales como sus resortes de poder (sindicatos y organizaciones sociales de base) están fragmentados a escala interna luego del fin del orden K; pero quizás una mutación más silenciosa pero más importante sea la fractura en la base social que históricamente sostuvo al peronismo. Lo expuso lúcidamente el sacerdote jesuita y doctor en ciencias políticas Rodrigo Zarazaga: “El problema del peronismo no se reduce a que el partido esté dividido: sus bases tradicionales lo están y forman dos mundos aparte. El taxista que despotrica contra el piquete que le impide circular y el desempleado en el piquete no son fácilmente asimilables en la misma expresión política, aunque ambos se digan peronistas” (La Nación, edición 23/08/2017). Por supuesto que este panorama de disgregación social no afecta exclusivamente al universo justicialista, pero sin lugar a dudas resuena de manera más evidente en la principal fuerza política nacional, cuya dificultad por representar unívocamente a una realidad social diversificada y con intereses económicos contrapuestos (logro histórico del peronismo, otrora) pareciera tornarse cada vez mayor.

Entender Cambiemos: más pendiente de la época que de la épica

Intentar comprender el fenómeno Cambiemos representa, cada vez más, un interrogante abierto que interpela y convoca a un gran número de politólogos y analistas políticos. Sin embargo,  no es menor en muchos casos la presencia de un prejuicio ideológico “progresista” y “anti posmoderno” que dificulta comprender debidamente el objeto Cambiemos en su debida magnitud y densidad conceptual. Acusaciones como “es la derecha tradicional”, “es un gobierno de ricos y para ricos” o “son todos tecnócratas o CEOS” reflejan este prejuicio que, como sostuvo José Natanson, director de la edición vernácula de Le Monde Diplomatic, no hace más que alimentar la dificultad señalada para comprender la verdadera naturaleza de la criatura política que es Cambiemos. Paradójicamente, las víctimas principales de este prejuicio no son ni los dirigentes ni los votantes del oficialismo, sino ante todo muchos dirigentes y militantes que trabajan precisamente en la oposición.

Según el señor Natanson (que escribe desde la vereda ideológica de enfrente), buena parte del éxito de Cambiemos durante estos casi dos años de gestión, habría radicado en poner en la agenda pública una serie de problemas que causaban una gran angustia en la sociedad y fueron sistemáticamente evadidos o hasta incluso negados por la administración anterior: inseguridad, narcotráfico, inflación, corrupción y otros. Más allá de los tratamientos y decisiones concretas tomadas al respecto por el actual gobierno, el mero hecho de enunciarlos públicamente habría generado un efecto descompresión en buena parte de la ciudadanía, valorado y validado electoralmente.

A este posicionamiento público-discursivo, Natanson agrega una serie de rasgos que contribuirían con la efectividad político electoral ratificada el pasado domingo por el oficialismo. La decisión de sostener el generoso abanico de políticas sociales construido por el kirchnerismo (básicamente planes sociales), el hecho de mantener el consenso en torno a la universalidad de los servicios públicos y la no privatización de las funciones estatales -a diferencia de la estrategia de los años´90-, o el gradualismo adoptado en materia de correcciones macroeconómicas (denunciado por voceros económicos de posiciones neoliberales ultra ortodoxas), contribuirían a definir a Cambiemos como un novedoso espécimen en la fauna política nacional. Según Natanson, una nueva derecha democrática y dotada de una buena dosis de sensibilidad social.

A nivel de la cultura política, el autor destaca la apelación certera por parte de Cambiemos a aquella cultura meritocrática del esfuerzo personal arraigada muy profundamente en la sociedad argentina a partir de las sucesivas oleadas inmigratorias. Pero su plafón idiosincrático no sólo tendría que ver con cuestiones del pasado. El autor destaca también la estrecha conexión de Cambiemos con lo que podríamos llamar como valores posmodernos, un cierto espíritu de época que cristaliza en apelaciones a valores posmateriales como la felicidad y la proximidad, la importancia dada a lo ecológico, la valoración cosmopolita de las diversidades culturales y étnicas y, sobre todo, una revalorización de la cotidianeidad frente al sacrificio totalizante que exigía la militancia kirchnerista. “El oficialismo defiende una visión anti-heroica de los asuntos públicos, una reivindicación de la normalidad cuya gran escenificación es el timbreo (…) el timbreo es espontáneo, informal, casi diríamos puro, en contraste con la forma favorita del populismo: el acto de masas y toda su parafernalia de organización, traslado, protocolo de oradores y largas negociaciones previas por los lugares en el palco” (Página 12, edición 17/08/2017)

Daría la impresión que algo viejo está muriendo en Argentina pero lo nuevo no termina aún de nacer. Como en todo proceso histórico se solapan viejas y arraigadas tendencias al mismo tiempo que emergen novedades que ponen en crisis el statu quo. El sistema político argentino está cambiando, pero quizás los cambios más profundos hayan de buscarse en las modificaciones estructurales y culturales de una sociedad que busca ser representada de nuevos modos.

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  1. Gracias Pablo y ciudad nueva por la nota. Saludos cordiales desde Avellaneda Santa Fe.

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