Saludo arrabalero

Saludo arrabalero

11 de julio: día del fuelle.

Cada 11 de julio evocamos el natalicio de un músico fenomenal y tanguero: Pichuco, alias Aníbal Troilo.

Ser privilegiado, nacido en 1914. Pichuco establecía una mágica comunicación con el público. Tocaba inclinado hacia adelante, y cerraba sus ojitos.

A los 10 años le compraron el bandoneón que lo acompañaría por el resto de sus días. A los 16, integró el sexteto conducido por Elvino Vardaro y Osvaldo Pugliese. Tocó con De Caro, D’Arienzo, D’Agostino y con Juan Carlos Cobián, entre tantos otros.

El estreno de la orquesta propia tuvo lugar el 1º de julio de 1937, donde un letrero anunciaba:
“Todo el mundo al Marabú /
la boite de más alto rango /
donde Pichuco y su orquesta /
harán bailar buenos tangos”.

Al año siguiente llegará al vinilo con los tangos “Comme il faut”, de Eduardo Arolas, y “Tinta verde”, de Agustín Bardi. Grabó más de 500 temas. Más tarde tocaría con Ubaldo de Lío en guitarra y Astor Piazzolla en bandoneón.
La simbiosis de Astor y el Gordo fue mágica, el marplatense había regresado de los Estados Unidos, ya contaba con 18 años, y acudía todas las noches al café Germinal de la calle Corrientes a escuchar a la orquesta de Troilo.

Un día cae enfermo el bandoneonista Toto Rodríguez, y el violinista Hugo Baralis le avisa a Piazzolla de la oportunidad que tendría para probarse en la orquesta.

Cuando le avisan a Pichuco que tenían un candidato, el Gordo lo miró a Astor, y lo vio joven.
Peor aún, cuando le ofreció las partituras para escucharlo, Astor le respondió que no le hacían falta, porque conocía el repertorio de memoria. El resto es historia. Astor se integró a la orquesta de Troilo, desde 1939 hasta 1944.

A Pichuco le gustaban los compases simples, que permitiesen al público bailar y lucirse, porque para eso pagaban entrada. Piazzolla escribía arreglos demasiado modernos para las partituras, y ahí nomás, el Gordo, sacaba la goma de borrar y entraba a modificar compases.

Pese a estas diferencias de gustos musicales, la relación entre ambos siempre fue cordial y de afecto profesional. De hecho, cuando muere Troilo, Zita, la viuda, le obsequia uno de los bandoneones de Pichuco, instrumento que Piazzolla conservó como una reliquia.

A pesar de que el Gordo no entendía demasiado la obra del joven Astor, supo valorar la obra de su amigo, a tal punto que Troilo grabó en la década del 50 varios tangos piazzollianos, y juntos compusieron este tangazo interpretado por la orquesta troiliana, con el contrabajo de Kicho Díaz. Ellos nos regalan Contrabajeando, que es nuestro obsequio a los fuellistas en su día.

 

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