Las vivencias de un manager que no se rinde ante los ídolos

Las vivencias de un manager que no se rinde ante los ídolos

Este capitalismo se apropia incluso de las pausas para el almuerzo, nunca este ídolo está sacio. A cambio pretende nuestra adhesión sumisa, endulzada por incentivos.

“Estimado director, soy un pobre (créame) manager de una multinacional  y quisiera hacer llegar al profesor (Luigino) Bruni mi agradecimiento”.

Así comienza la carta de un lector europeo de las columnas de Luigino Bruni que todas las semanas están analizando los aspectos más controvertidos y contradictorios de este capitalismo idólatra, con pretensión de transformarse en una suerte de religión.

La reproducimos porque es una reflexión de quien, desde adentro, conoce profundamente las prácticas denunciadas por Bruni en sus artículos y los riesgos por las derivas de un sistema así concebido.

“Gracias, de verdad, de todo corazón por la mirada alternativa de la vida y de la economía (…) – sigue el lector del que, por obvias razones, se preserva el anonimato – y por cómo sabe hacer consciente el creciente malestar, lamentablemente sin respuestas, que se experimenta al trabajar en una organización global en la que la sed de autenticidad es sacrificada sobre el altar de los resultados a cualquier precio. Por lo que se actúa con modalidades endulzadas, pero de hecho neo-esclavizantes, y mitigadas (¿o anestesiadas?) por los beneficios (“gratuitos”): fisioterapia, gimnasio, wellness, becas y presupuesto de gasto para los hijos…. Nutrimento-ídolos, como escribe Bruni.

Lo haré sonreír: justo hoy tuve una “animada” discusión con un dirigente europeo de mi compañía que insiste en fijar conferencias telefónicas con muchos participantes de varios países en la hora del almuerzo. Porque, explica, ‘de este modo puedo coordinar los diferentes husos horarios y la agenda de las personas está despejada… además no tienen excusas para no participar’ (¡sic!). Bruni tiene razón, el ídolo es voraz y lo quiere todo, se alimenta también de nuestra micro socialidad-amistosa que supone el almorzar juntos y llevar al plano de las relaciones esa “hora de aire”. A mis tres hijos trato de relatar estos episodios… Mando un afectuoso saludo al profesor Bruni. A usted y a todos sus colegas les deseo un trabajo realmente bueno”.

Publicado en Avvenire el 15.3.2017

Sugerimos la lectura de los últimos dos artículos de Luigino Bruni: La salvación no es una empresa y Los tristes imperios del mérito

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