La escuela pública llora

La escuela pública llora

Debido a una explosión de una garrafa en la escuela Nº 49 de Moreno, provincia de Buenos Aires, murieron la vicedirectora y un auxiliar. Viernes de huelga y manifestaciones.

“Hoy (por ayer) en el patio del colegio estuvo la bandera a media asta porque se murieron dos personas en una escuela”, me contaba mi hija cuando ya estábamos cerrando el día de actividades.

Cuando le expliqué lo que había sucedido, ella, con sus ocho años, no salía de su asombro. Se puso a pensar en Anemí y en Carlos, la vicedirectora y el “portero” de su colegio. Sus ojos permitían acceder a la consternación y miedo que en ese momento le pasaban por su cabeza.

El dolor una vez más sacude a la sociedad. Dos laburantes que día a día abrían y recibían a sus alumnos con la vocación de educar para un mañana mejor se encontraron con el absurdo, generado por la desidia que sigue erosionando la educación pública de nuestro país.

La huelga y las manifestaciones de hoy, particularmente en Moreno y en diferentes lugares del conurbano bonaerense, tienen que atronar en los dirigentes políticos de la Provincia y de la Nación, en los actuales y en los de ayer. ¿Cuántos casilleros tiene el listado de responsables?

Mientras nos entretenemos en si hubo “aportantes truchos” para una campaña electoral o en los detalles que puedan figurar en los “cuadernos de las coimas”, quienes realmente brindan un verdadero servicio a nuestros niños sufren la desgracia generada por una corrupción enquistada.

Hoy la escuela pública llora. Llora por Sandra Calamano y por Rubén Orlando Rodríguez. Y llora por la ausencia de políticas educativas de fondo, aquellas que deben sostener en el tiempo uno de los pilares más importantes de la sociedad.

  1. Todos lloramos, todos los que tenemos corazón y profesamos la convicción de bien común como estilo de vida, somos docentes y estudiantes, todos quedamos acongojados frente al que me importa de los que juegan al poder y no al ponerse al servicio. Este hecho es sacrílego, supera los límites de lo imaginable. Yo soy docente, se que ser docente es una vocación y una entrega; un ministerio de vida. Que pueda haber quienes se encojan de hombros y sacudan responsabilidades de un hecho tan abominable como provocar que la sangre se derrame sobre guardapolvos blancos, y las pupilas especialmente de los niñxs se inunden de lágrimas y dolor; constituyen una verdadera profanación a LA VIDA. Haber escogido como objeto de agresión al magisterio es tan sórdido que espanta.

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  2. horacio bottino 9 agosto, 2018, 22:00

    toda escuela es PÚBLICA unas gestionadas por el estado y otro por nosotros los particulares

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