Jacinda Ardern, la premier que hace callar al machismo

Jacinda Ardern, la premier que hace callar al machismo

Ha suscitado una oleada de entusiasmo por la política. Consultada sobre sus planes para ser madre respondió como cualquier mujer.

Tiene 37 años, se llama Jacinda Ardern y la primer ministro de Nueva Zelanda. Tiene un discurso simple y directo, entendible para la gente y ha desatado entusiasmo entre los votantes del Laburismo en las elecciones que la llevaron a la victoria, luego de 10 años de gobierno conservador. La campaña ha sido financiada ante sus declaraciones que han permitido recaudar 500.000 dólares en poco tiempo y entusiasmar a más de 3.000 voluntarios que decidieron colaborar.

Ardern se enteró por televisión que se había convertido en la tercera mujer en formar gobierno en su país y en la dirigente más joven desde 1856. El suyo es el rostro de líderes mundiales que están presentando una cara diferente del poder político, ajenos al lenguaje incomprensible y lejano de los problemas de la gente, como su par canadiense Justin Trudeau, capaces de suscitar fervores en ciudadanías que parecían desinteresadas de la política.

Jacinda tiene también ideas claras en materia de machismo y sexismo. En una de sus primeras entrevistas en televisión tras su elección, se le preguntó si querría o no tener hijos y si ser jefa de gobierno modificaría sus planes familiares. Uno de los conductores había incluso añadido a la pregunta que el país “tiene derecho a saber si su primer ministro va a tomarse baja maternal”. Si bien con cierta irritación, Ardern dijo que no tenía problemas en responder a la pregunta habiendo sido siempre abierta y transparente, pero tampoco dudó en reclamar que “es totalmente inaceptable en 2017 decir que las mujeres tienen que responder a esa pregunta en su lugar de trabajo – dijo -. La decisión de una mujer sobre cuando quiere tener hijos no debería predeterminar si se les ofrece o no un trabajo”, concluyó enérgicamente.

La Carta de los Derechos Humanos de 1993 subraya que no se puede discriminar contra un empleado real o potencial por ser padre o quererlo ser en el futuro. Es inadmisible y en muchas legislaciones es ilegal preguntar en una entrevista de trabajo si se está pensando en tener hijos.

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