Ir más allá de la llaga

Ir más allá de la llaga

En un contexto en el que cobra cada vez más ímpetu la libertad del más fuerte contra el más débil, cabe resignificar el valor de cada una de las etapas de la vida.

No podemos dejar de ver la realidad en la que estamos inmersos para descubrir cuáles son sus tendencias emergentes, cuáles los desafíos que nos plantea y también para descubrir lo positivo que queremos sostener y potenciar.

Estamos hoy frente a gravísimos problemas éticos. Al hombre se lo ha desnaturalizado. Dice el sociólogo italiano Tomasso Sorgi: “Me parece escuchar la naturaleza humana que grita al hombre: ¡Oh, hombre hijo mío, por qué me estás abandonando! Este mismo discurso vale para la naturaleza, para el ambiente, que grita al hombre: ¡Por qué me estás destruyendo!”. Hay un eclipse de Dios, del sentido de Dios y por lo tanto del hombre, que lleva a un materialismo práctico.

Se vive una antropología de la inmanencia por la cual se considera al hombre fuera de toda relación, como absoluto. Por lo tanto adopta una actitud “prometeica”, por la que se cree señor de la vida y de la muerte, que se afana por programar, controlar y dominar.

El concepto de libertad se va desvirtuando, llevando a la exaltación absoluta del individuo sin disponerlo a la solidaridad, a la acogida, al servicio del otro. Cuando la libertad se agota en el responder a sí mismo; ni a Dios, ni a la naturaleza, ni a la sociedad, se transforma en puro arbitrio y acaba por ser la libertad del más fuerte contra el más débil.

Somos de continuo “bombardeados” por los medios de comunicación que nos proponen la llamada “calidad de vida”, centrada en la eficiencia, el consumismo, la  belleza, el goce de la vida física. Nos lleva a apreciar al otro no por lo que es sino por lo que tiene, hace o produce.

Los atentados contra la vida

Cuando se pierde el sentido de Dios también queda amenazado el sentido del hombre. No se considera entonces ya la vida como un don espléndido de Dios; una realidad sagrada confiada a la responsabilidad y la custodia amorosa del hombre.

En este sentido se puede interpretar la pregunta que Dios formula a Caín: “¿Dónde está tu hermano?”. En ella descubrimos el querer de Dios: cada hombre es guarda de su hermano, porque Dios confía el hombre al hombre.

BessioEl hombre es administrador del plan establecido por el Creador, allí reside su grandeza. La vida se le confía como un tesoro que no debe malgastar, como un talento que debe negociar.

Y sobre todo, la vida del hombre se confía al hombre, a quien Dios hace guardián y responsable de su hermano.

Nuestra cultura se aleja de Dios cuando conculca los derechos humanos en las etapas más vulnerables y también lo hace cuando no permite a todos los hombres llegar al desarrollo de sus potencialidades, que es en definitiva lo que hemos definido como salud.

El aspecto sanitario está estrechamente conectado con lo político. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya en 1978 realizó la conferencia “Salud para todos”, mientras que en 1986 en Otawa, Canadá, se estudió la “Carta para la promoción de la salud”: allí se afirma que la finalidad principal de una seria política sanitaria es crear un ambiente que favorezca la posibilidad de vivir de manera sana. Esto equivale a hacer del ambiente físico y social un elemento de crecimiento para la salud.

Para concretarlos hacen falta personas calificadas desde el punto de vista profesional y con referencias éticas y comprometidas con la justicia social. Personas que sean capaces de construir una sociedad a la medida del hombre, de modo de llevar a cabo sanas políticas públicas para la salud.

Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, ha dicho que “delante de Dios no hay vida, no hay porción de vida indigna de ser vivida” y que “la vida que nace, la vida que crece, la vida que muere, no son más que tres aspectos del misterio de la existencia que se alimenta de Dios amor”. El ser humano tiene necesidad de amor en todas las etapas de su existencia y en todas las situaciones, amor que tiene que manifestarse en relaciones interpersonales y en proyectos estructurales que custodien la vida humana.

Crear contextos positivos para la salud significa alcanzar una mayor justicia social. Las desigualdades existentes en materia de salud entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo hunden sus raíces en las desigualdades sociales.

Se comprende por lo tanto cómo, para aumentar el estándar de salud de las naciones y de las categorías sociales desventajadas, es necesario actuar una equitativa distribución de los recursos.

Nuestro compromiso con la cultura de la vida

La propia Lubich, en un discurso a los miembros del Movimiento Humanidad Nueva, pedía “no ver en los sufrimientos del mundo solo males a los cuales llevar remedio, sino vislumbrar en ellos el rostro de Jesús Crucificado. Y éste no es un pensamiento que bloquea la acción, al contrario, estimula nuestras fuerzas. Porque es Él el resorte que hace saltar las mejores energías de nuestro ser en favor del hombre. Es ir más allá  de la llaga y esto significa empeñarse en concreto a resolver los problemas”.

Tenemos que ser personas sanas o resanadas por el amor, tendiendo a conquistar un equilibrio en los distintos aspectos de la vida. A establecer relaciones armoniosas con nosotros mismos, con la naturaleza, con la sociedad.

Una enorme contribución a la cultura de la vida ha significado el mensaje de Chiara Lubich a las familias: “La familia, donde la vida del otro es preciosa como la propia y a veces es más valiosa que la propia, donde todos nos preocupamos de la salud de todos y nos hacemos cargo de quien no está bien… Esta familia se recorta como un modelo para proponer a toda la sociedad porque contiene la semilla de aquella ‘cultura de la vida’ que debe inspirar las leyes y las estructuras sociales” ·

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  1. Tantos caminos fallidos se han intentado y fracasado. Parece como una obstinada determinación de evitar el camino de la fraternidad universal. Muchas veces me pregunto como remediar esta situación. Siempre encuentro la misma respuesta “Ama tu por primero sin hacer excepciones”. Es el camino y lo advierto constantemente, construir sin detenerse porque al fin el triunfo será el de la vida y la luz por encima de la oscuridad y la muerte. Aunque sea contra toda evidencia el triunfo es el de la verdad y la verdad es el AMOR.

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