Incendios en Mendoza: la palabra de los habitantes

Incendios en Mendoza: la palabra de los habitantes

El recorrido de la fotógrafa Glenda Todica incluyó el encuentro con personas que están sufriendo en carne propia el avance arrasador del fuego.

Si las imágenes de lo que va dejando el fuego a su paso son impactantes, escuchar a los habitantes de General Alvear estremece aún más.

Junto a Rodrigo, quien me acompañó en todo el recorrido, visitamos a los hermanos Chiche y Pichón, tan amables como siempre, quienes nos invitaron a tomar unos mates para conversar de la situación.

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¿Podrías contarme como viviste el incendio?

Pichón: Esto empezó el 29 de diciembre, el fuego se vino del este (del campo del vecino) y entró al campo nuestro. En un primer momento, lo tuvimos bastante controlado. Luego de mantenerlo calmo, se descontroló. Imposible tratarlo, no contábamos con lo suficiente para poder atacarlo, se puso muy violento, no se puedo hacer nada: iba de un lado para otro, se expandía cada vez más. Pensábamos que lo podíamos parar pero a la tarde comenzó otra vez el fuego, y fue impresionante –dice con cara y tono de tristeza-. Estamos tratando de darle la mejor salida a este tema.

¿Cómo ve la situación a futuro?

P:  Es un problema: gastos, alambres, trastornos de vacas para sacarlas a pastorear. Se complica para todo. Hay que esperar 1 o 2 años al campo para que se reponga. El clima.

¿Cuál es el próximo trabajo a realizar sobre el campo?

P: Momentáneamente tiene que quedar así, tiene que llover. Si llueve bien, se puede empezar a reponer. Hay que sacar todo porque no le queda nada. Hay que dejar descansar o que llueva, además semillar. No queda otra, hay que esperar, es todo cuestión de tiempo.

 

Luego nos dirigimos a la casa de Rosa y Ramón.

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Rosa: Viví varios incendios: en  1993, en 2001, y ahora. Es impresionante y feo, no sabes si se te quema todo, no se mide la dimensión que trae el fuego. Mucho ruido y humo, te asfixia. Tenés que encerrarte, afuera no se puede estar. Mis campos sufrieron mucho daño, quedó muy poco. Ahora, si no llueve se complica mucho. No se sabe que pasará con los animales, queda poco pasto. Con respecto al sistema de apagado de incendios, los contrafuegos son peores, no los hacen bien: se queman más hectáreas. Los pequeños ganadores como nosotros no recibimos ayuda.

Durante el tiempo que estuvimos hablando con ella, varios focos de incendios se reactivaron con fuerza. Para poder mostrarles bien, subí al molino de su patio y tome la fotografía.

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Más tarde, pasamos por la casa de María y Cosme. De visita estaba su hija y su nieta. Me encariñé mucho con Fiorella (su nieta). Me dio un recorrido por su casa, me contó todos los animales que tenían, mientras sostenía un pollito en sus manos. “Mirá, es el fuego”, decía con naturalidad Fiore.

Hablando con fiorella

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Cosme: Por el diario salió una noticia de que fuimos evacuados. Llamaron a mis hijas que estaban a más de 300 kms. para que vinieran, ya que el campo había arrasado con mi casa y mis campos. Hicieron todo lo posible por venir a la brevedad, cuando la verdad es que nunca evacuamos, nunca se nos incendió la casa. Nunca nos vinieron a ayudar, tuvimos que apagar el fuego entre nosotros para que no se quemen nuestros animales (ya que el fuego intentó meterse en el corral). Estamos muy enojados de que le hayan mentido a mi familia.

María: No vinieron a ayudarnos, pero luego del incendio, vinieron a pedirnos nuestros datos. ¿Para qué? Están, pero no ayudan. ¿Por qué nos hacen esto? –agrega, con dolor, mientras se saca sus anteojos para limpiarse las lágrimas.

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