Impulsar el bien

Impulsar el bien

Las investigaciones del Nobel de Economía, Richard Thaler, en materia de psicología y de los comportamientos.

«Si abren cualquier manual avanzado de economía, descubrirán que los economistas tienen una visión bastante peculiar de los seres humanos: todos son muy buenos en matemáticas, poseen el mismo grado de autocontrol que Gandhi y socialmente son unos perfectos canallas. Pero las personas que vemos cada día no son así».

Con estas palabras comenzaba, hace unos años, una conferencia de Richard Thaler (foto), profesor en Chicago y desde ayer Premio Nobel de Economía 2017 por su contribución a la economía comportamental. «He pasado los últimos 40 años de mi vida estudiando a los seres humanos – seguía diciendo en aquella conferencia – para aprender a distinguirlos de esas extrañas criaturas de los economistas». Con su trabajo, Richard Thaler, en constante diálogo con la psicología cognitiva, ha contribuido de manera fundamental a construir una visión del agente económico más realista y precisa. Esta visión se basa concretamente en tres “limitaciones”: la de la racionalidad, la del autocontrol y la del egoísmo. ¿Qué significa esto? ¿Qué quiere decir, en la práctica, que los agentes económicos, es decir todos nosotros, estamos “limitados” cuando tomamos decisiones?

Por ejemplo, quiere decir que tendemos a no ahorrar todo lo que deberíamos para nuestra jubilación. El hecho de preferir el huevo hoy hace que mañana haya una generación de ancianos más pobres. Pero también quiere decir que, puesto que no somos solo auto-interesados, sino que nos interesan también los principios de justicia y equidad, tenderemos a castigar a las empresas que aumentan los precios cuando inesperadamente aumenta la demanda y no cuando aumentan los costes. Intenten pensar cómo reaccionarían si, debido a un terremoto y al aumento de la necesidad de bienes concretos – tales como generadores eléctricos, botas de agua, guantes y picos – las empresas comenzaran a vender esos mismos bienes a un precio mayor. Por mucho que según el juego de la demanda y la oferta sea previsible un aumento del precio, nosotros reaccionaremos en base al principio de justicia, y nos indignaremos con quienes se aprovechan de los más vulnerables.

Otra consecuencia de nuestras “limitaciones” tiene que ver con la diferencia entre disponibilidad a pagar y disponibilidad a aceptar. Imaginen que ha estallado una epidemia de una terrible enfermedad mortal, y que existe una vacuna que reduce la mortalidad hasta el uno por mil. ¿Cuánto estarían dispuestos a pagar por esta vacuna? Ahora imaginen que les pida que hagan de conejillo de Indias para experimentar con esa misma vacuna y que esto implica un riesgo de muerte del uno por mil. ¿Con cuánto dinero se conformarían para compensar semejante riesgo? En ambos casos lo que está en juego es su salud, pero en el segundo caso, por término medio, se pretende recibir una cifra cincuenta veces superior a la del primero. Si tengo que vender una botella de vino que poseo, quiero recibir un precio muchas veces superior al que estaría dispuesto a pagar para comprar esa misma botella de vino si no la tuviera. Estos ejemplos y muchos otros estudiados por Thaler no representan casos esporádicos o errores de valoración, sino distorsiones sistemáticas de nuestras elecciones y por tanto repetidas y previsibles. El hecho de que estas distorsiones sean sistemáticas y por tanto previsibles ha constituido el fundamento de uno de los desarrollos más recientes de las investigaciones de Thaler (junto con el jurista de Harvard, Cass Sunstein), tal vez el más relevante para el gran público, conocido como “nudging” (empujón).

Dado que las personas se equivocan cuando tienen que elegir, ¿por qué no crear situaciones que les lleven a equivocarse, pero en su propio interés? ¿Es posible proyectar situaciones en las que, salvaguardando la libertad de decisión, las mejores opciones desde el punto de vista de la salud, las finanzas y el bienestar en general, parezcan preferibles y por tanto más probables?

Cuando van a sacar dinero a un cajero automático, se les pregunta si quieren imprimir el recibo. Si el botón del “sí” está a la izquierda, se pulsará muchas menos veces que si está a la derecha, y así el banco se ahorra un montón de dinero. Esta es la idea del nudge y del nudging, del empujón: la posibilidad de pedir el recibo no desaparece, pero al situar el “sí” a la izquierda, la situación de elección se modifica hasta el punto de disuadir de la petición. Estas técnicas llevan años siendo utilizadas en Inglaterra (Thaler fue asesor de David Cameron), en los Estados Unidos (Sunstein ha colaborado con la administración Obama) y en muchos otros países avanzados, para promover políticas que impulsen a los ciudadanos a tomar opciones cada vez más orientadas al bienestar individual y social, aunque no siempre de forma transparente y consciente.

John Maynard Keynes solía decir que todos los políticos modernos, aunque no lo sepan, están influenciados por algún economista desconocido que murió cien años antes. Richard Thaler a partir de hoy ya no será un desconocido y, además, no ha hecho falta tanto tiempo para que su trabajo haya comenzado a influir en la política.

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