Francisco trata con los obispos de Chile el caso de los abusos

Francisco trata con los obispos de Chile el caso de los abusos

Tres días de reuniones para esclarecer hechos y tomar medidas concretas. El objetivo es reestablecer la verdad, la justicia y la comunión eclesial.

El episcopado chileno ha comenzado por la tarde de ayer, en el Vaticano, las reuniones con el Papa Francisco para tratar el caso de los abusos cometidos por el sacerdote Fernando Karadima. El Papa los ha convocado luego de que un informe solicitado por él mismo pudo reconstruir los hechos y constatar que hubo información esencial que no llegó a sus manos, y que provocó errores en la manera de afrontar la cuestión. Varios otros obispos, miembros de la organización eclesial fundada por Karadima, han sido acusados por las víctimas de los abusos cometidos, de tener conocimiento de esos hechos, de haberlos encubierto y en algunos casos de haber participado en prácticas inmorales.

En la carta enviada en marzo por el Papa a los obispos chilenos los invitó a reunirse con él, para reparar el daño de la injusticia cometida, tomar medidas y reconstruir la confianza en la Iglesia y la comunión eclesial. Por su parte, el Papa se ha reunido con tres víctimas del sacerdote a las que ha pedido perdón personalmente, ha escuchado durante largas horas de reunión en un hecho inédito. Los tres han destacado el clima fraterno y paterno construido en esos momentos con Bergoglio.

Las reuniones continuarán hasta mañana. Ayer fue la primera, de la que no se conoce el contenido, pero que abarcó una sugerencia de reflexiones y de temas para oración y meditación.

Se destaca que se trata de un hecho inédito, en el cual el Papa interviene cuestionando cómo un episcopado ha manejado el tema de los abusos. En Chile se esperan medidas respecto de otros casos similares, pero también muchos otros episcopados observan con atención el proceder de estos días para aplicar los criterios y las medidas que surgirán de las reuniones entre el Papa Bergoglio y los obispos chilenos. Al respecto, es viva también la atención de laicos y organizaciones eclesiales que se han comprometido en erradicar los abusos sexuales en la Iglesia católica.

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  1. Es una situación dolorosísima, el hermetismo y la vocación de poder (que no es legítima) porque la Iglesia es ministerial, servidora, y no instrumento de poder; es lo que facilita que estas aberraciones sean ocultadas. Estas situaciones marcan la necesidad de estructurar la institución abriendo puertas y ventanas para que la luz revele su interior y el aire renueve su vida. Las organizaciones oxigenadas minimizan el desarrollo de este tipo de ENFERMEDADES, al igual que los tejidos vivos. Se necesitan transformaciones profundas en todos los aspectos de la vida de nuestra Iglesia, desterrar las ansias de poder, de riqueza y de instalarse estructuralmente. Necesitamos salir verdaderamente a las periferias para fortalecer nuestra identidad. La historia de la anunciación, la concepción virginal de María; la visitación; la proclamación del Magnificat; toda la historicidad del nacimiento, la Navidad, prolegómenos incluidos, ser peregrino para el censo, el alumbramiento en un PESEBRE, la adoración de los pastores como primeros (siendo los últimos) que son invitados por un coro de ángeles. La adoración de los magos, como señal de la universalidad de la acción redentora. La persecución y la huida a Egipto de la Sagrada Familia perseguida por Herodes (los poderosos) y su vida sencilla son la impronta que debe marcar nuestra vida. No es una vida de poder, de lujos, ni de ocultamientos. Abrir puertas y ventanas para que el aire renueve nuestra vida, en un profundo contacto con los invisibilizados; en ellos reside nuestra verdadera fuerza. El Rey de la Gloria se abajo hasta los más débiles y se hizo uno de ellos, desde ese ser y estar genero la vida y la reconciliación con el Padre Celestial. Retornar a nuestras raíces nos apremia.

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