El perdón que mueve la esperanza

El perdón que mueve la esperanza

En su catequesis semanal, el Papa señaló el valor de mirarnos con el mismo corazón de Dios que nos mira con esperanza.

Intensa y profunda la catequesis del Papa Francisco durante una nueva audiencia general en la que recordó el valor del perdón como motor de la esperanza y que la Iglesia está formada por pecadores.

Francisco destacó que “los pecadores son perdonados y que “no solamente vienen aliviados a nivel psicológico porque son liberados del sentido de culpa. Jesús hace mucho más: ofrece a las personas que se han equivocado la esperanza de una vida nueva…, una vida marcada por el amor”. “Cuánta gente – dice el Papa en su reflexión – sigue en una vida equivocada porque no encuentra a nadie dispuesto a mirarla o a mirarlo de un modo diferente, con ojos, mejor aún, con el corazón de Dios, es decir, a mirarlos con esperanza”.

Para Francisco “nos hace bien pensar que Dios no ha elegido como primer material para formar su Iglesia a personas que no habían errado nunca. La Iglesia es un pueblo de pecadores que experimenta la misericordia y el perdón de Dios”. “Desde los inicios de su ministerio en Galilea, Jesús se acerca a los leprosos, los endemoniados, a todos los enfermos y los marginados. Un comportamiento así (en aquella época) no era nada habitual, y es verdad que esta simpatía de Jesús por los excluidos, los ‘intocables’, será una de las cosas que más desconcertarán a sus contemporáneos”.

El Papa también dijo que “allí donde hay una persona que sufre, Jesús se hace cargo, y ese sufrimiento lo hace suyo. Jesús no predica que la condición de pena debe ser soportada con heroísmo, a la manera de los filósofos estoicos”, sino que “comparte el dolor humano y cuando lo hace, de su interior sale la actitud que caracteriza al cristianismo: la misericordia”.

Francisco aseguró que “Jesús ve una posibilidad de resurrección también en quien ha acumulado tantas decisiones equivocadas”, añadió. El Papa recordó así que “la Iglesia no se formó por hombres intachables, sino por personas que pudieron experimentar el perdón de Dios. Pedro aprendió más de sí mismo cuando cayó en la cuenta, al cantar el gallo, de que había renegado a su maestro, que cuando se mostraba superior a los demás con sus ímpetus y formas espontáneas. También Mateo, Zaqueo y la Samaritana, pese a sus fallos, recibieron del Señor la esperanza de una nueva vida al servicio del prójimo”.

El Santo Padre también explicó que Jesús “no acepta que el ser humano consuma toda su existencia con este ‘tatuaje’ imborrable, con el pensamiento de no poder ser acogido por el corazón misericordioso de Dios”.

“Somos todos pobres pecadores, necesitados de la misericordia de Dios que tiene la fuerza de transformarnos y darnos esperanza cada día” y “a la gente que ha entendido esta verdad básica, Dios le regala la misión más preciosa del mundo, a saber, el amor por los hermanos y hermanas, y el anuncio de una misericordia que Él no niega a ninguno”.

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