El Papa aceptó la renuncia de otros dos obispos chilenos

El Papa aceptó la renuncia de otros dos obispos chilenos

Se trata de Alejandro Goic y Horacio Valenzuela. El segundo se formó en el grupo iniciado por Fernando Karadima. Los laicos manifestaron alivio.

El papa Francisco aceptó la renuncia de otros dos obispos de Chile. Se trata del obispo de Rancagua, Alejandro Goic, y el de Talca, Horacio Valenzuela, este último formado por el sacerdote Fernando Karadima iniciador de un grupo eclesial en Santiago, desde donde salieron varios sacerdotes sucesivamente ordenados obispos.

Goic estaba cuestionado por las presuntas conductas impropias de un grupo de una quincena de sacerdotes de su diócesis, conocido como la “cofradía”, por hechos ocurridos desde 2007 en adelante y por los cuales se realiza una investigación a cargo del Ministerio Público desde marzo pasado, los que contemplan relaciones sexuales, actos inmorales, también con menores.

En cambio, Valenzuela es uno de los acusados, junto con los obispos Juan Barros, Tomislav Koljatic y Andrés Arteaga, de encubrir los abusos del ex párroco de El Bosque, que es donde se formaron durante años. La aceptación de la renuncia de Valenzuela, sigue a la de Barros, muy cuestionado durante la visita del Papa a Chile, en enero pasado, cuando pese al escándalo en torno a su conducta, insistió en participar en las ceremonias papales y aparecer al lado de Francisco quien, en ese momento, creía que era ajeno a los hechos imputados.

Los dos puestos quedarán vacantes por el momento, estando a cargo de administradores apostólico.

Las salidas de Goic y Valenzuela se suman a las renuncias aceptadas de Barros y también de los obispos de Valparaíso (Gonzalo Duarte, involucrado en graves acusaciones de abusos cometidos contra seminaristas y menores, además de otras acciones irresponsables) y Puerto Montt (Cristián Caro).

En conversación con la radio chilena Cooperativa, el vocero de los Laicos del Maule, Gustavo Madrid, señaló que la noticia de la salida de Valenzuela fue recibida con agrado. El laico destacó que estas semanas han sido muy angustiosas “sobre todo después de los noticiarios y los reportajes que ratificaban que el abuso se había transformado en algo como una verdadera cultura del abuso”, como el mismo Papa señaló en la carta dirigida a todos los católicos de Chile. Madrid se refirió a la actitud de Valenzuela para con ellos indicando que “nos sentimos amenazados por él” y que “en un momento también nos dijo ‘tengan cuidado, no les vaya a pasar algo a sus hijos’. Eso fue muy doloroso, porque con el tiempo lo interpretamos como una amenaza”.

La aceptación por parte del Papa de las renuncias de obispos, en especial los que vienen del entorno de Karadima, apunta a erradicar una visión de la Iglesia que no responde a los principios y valores del Concilio Vaticano II. Al respecto Gustavo Madrid señala de Valenzuela: “Tiene una forma de pensar y de mirar distinto. Están mal formados por Fernando Karadima, como ya lo hemos dicho nosotros y Sergio Díaz, el sacerdote valiente de Villa Prat (…) Fernando Karadima hizo un gran daño a la Iglesia chilena”, aseveró.

La noticia de la salida de Valenzuela se conoce días después de que fuera separado de sus funciones Luis Felipe Egaña, ex capellán de Carabineros que se desempeñaba como vicario pastoral del obispo de Talca, al ser investigado por una denuncia de abuso sexual en contra de un menor.

  1. La Iglesia necesita actualizarse en cuanto a su estructuración. El poder, el dinero y el hermetismo son contraproducentes a la misión pastoral que nos compete. Una profunda renovación evangélica y lectura de las relaciones en su interior son imprescindibles. La actual organización especialmente en cuanto a poder y entornos corrompe y desvirtúa el mandato evangélico. El hermetismo, que no es para nada prudencia, todo lo contrario. favorece la desnaturalización del ministerio. Es importante a mi juicio evitar títulos y honores y estructuraciones poco permeables. A mi juicio, las jerarquías deben ser discretas orientadas únicamente al servicio humilde de la función que se confía cada ministro. No podemos continuar sosteniendo una estructura que no responda al mandato de Jesús “El que quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos” y sobre todo observar una vida sobria, compatible con la pobreza evangélica, priorizando en la labor pastoral y educativa a los sectores más vulnerados. Si salimos verdaderamente a las periferias existenciales y geográficas, la salud del cuerpo místico se fortalecerá.

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