El Mercosur y una cumbre en tono menor

El Mercosur y una cumbre en tono menor

Los países socios parecen más concentrados en sus temas internos que en el proceso de integración.

Esta semana Mendoza será la sede de reuniones técnicas y de alto nivel del Mercosur. Se anuncia la presencia de los presidentes de los países miembros plenos del bloque, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, en ausencia de Venezuela que se encuentra suspendido, y de los dos países socios, Chile y Bolivia. El viernes, la cumbre tiene previsto el cambio de la presidencia temporaria, que en los próximos seis meses será ejercida por el mandatario brasileño, Michel Temer.

La impresión es, sin embargo, de una cumbre en tono menor. En primer lugar, porque si bien Venezuela no estará presente en Mendoza y se considera que está suspendida, formalmente no se aplicó el proceso de consultas y de arbitraje previsto por la normativa del bloque. Es decir, se está en una zona gris de indefinición que no habla bien de los mecanismos decisionales del Mercosur.

En segundo lugar, varios de los miembros se encuentran más concentrados en sus problemas internos que en el proceso de integración. Comenzando por Brasil, cuyo presidente está objeto de graves acusaciones por corrupción, sea activa o pasiva, y el próximo 2 de agosto podría quedar suspendido de sus funciones y hasta terminar siendo destituido. Si bien el presidente argentino Mauricio Macri se ha dedicado a reposicionar políticamente su país en el exterior, no se avizora una lectura definitiva de la postura argentina respecto de la integración regional, más allá de genéricas afirmaciones.

Estaría en su última etapa la inclusión de Bolivia como país miembro del bloque, anunciada una y otra ver. Pero falta la ratificación del protocolo de admisión por parte del Congreso de Brasil, que por un lado está pendiente de los contragolpes provocados por los escándalos por corrupción y, por otro, su mayoría no parece interesada en admitir un firme aliado de Caracas.

Varios temas están pendientes en la agenda del Mercosur. Uno es el acuerdo comercial con la Unión Europea, cuya negociación lleva 22 años, y que Brasil y Argentina pretendieron acelerar. Parece difícil que el bloque europeo acepte ser socio en medio de tanta incertidumbre política. Otro tema es el acercamiento con la Alianza del Pacífico, conformada por México, Colombia, Perú y Chile. Hasta el año pasado, había una divergencia ideológica entre los dos bloques, alimentada más bien desde el Mercosur, que con los cambios de gobierno más recientes se pretende transformar en una convergencia que también parece tener un sesgo ideológico, aunque de signo opuesto. Ni en un caso, ni en el otro, parece que se trata de la mejor manera de avanzar en la integración ya que ésta se centra en la visualización de objetivos comunes para el desarrollo de los países y de proyectos concretos más allá del signo político de cada gobierno nacional.

Un ejemplo de este tipo es la agenda de obras de infraestructura detenida desde hace años, sin que se perciba la necesidad de llevarla a cabo, incluso con cierta urgencia. Para ello se necesita principalmente de una voluntad política que brilla por su ausencia.

Es ésta quizás la principal debilidad del Mercosur: depende casi exclusivamente de liderazgos políticos al máximo nivel sin que haya sido programado realizar hitos comunes a través de mecanismos que intervengan automáticamente. El riesgo es no superar el nivel de acuerdos aduaneros. Pero la integración es otra cosa.

 

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  1. Alberto, acuerdo con que la principal debilidad del Mercosur depende casi exclusivamente de liderazgos políticos del máximo nivel. Y creo que responde a una común construcción de poder que no da participación real a la ciudadanía.
    Ante ésta postura, puede parecer ingenuo tener la expresión de deseo que la concentración de cada dirigente máximo fuera para reconocer a los que están más excluidos en su propio país. Tener como prioridad la transformación de la naturalizada humillación de muchos de sus ciudadanos en dignidad, desde el reconocimiento de fortalezas y debilidades que se plasmen en políticas públicas cubriendo las necesidades básicas de salud, educación, vivienda y trabajo para todos.
    Pero es un camino que no se ha recorrido y puede dar grandes sorpresas a los muchos de buena voluntad que están comprometidos en la política.
    Si fuera así se fortalecería realmente la identidad de cada pueblo y la integración sería necesaria y posible.
    Me parece que la necesidad de una ciudadanía despierta y comprometida es la esperanza….. para que asumiendo sin engaños, toda la corrupción e hipocresía que es indicador de una gran enfermedad autodestructiva, desde su compromiso con el bien común, ésta caiga por su propio peso.
    Son muchos los lugares anónimos y con experiencias en pequeña escala, que dicen que mi deseo no es utopía ….. tendríamos que animarnos y madurar en protagonismo.
    Me parece que es un posible camino …no el único, pero esperanzador

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