El coraje ecuménico de dos Papas

El coraje ecuménico de dos Papas

La voluntad de diálogo y de acercamiento manifestada por Francisco y Tawadros II obedece a un impulso profético. Se dan pasos para superar el distanciamiento entre la Iglesia copto ortodoxa y la católica, y también aparecen resistencias internas.

“Obedientes a la acción del Espíritu Santo, que santifica a la Iglesia, a lo largo de los siglos la sostiene y conduce hacia esa plena unidad por la que Cristo ha rezado, hoy nosotros, Papa Francisco y Tawadros II (…) declaramos recíprocamente que con una sola alma y un solo corazón trataremos, en total sinceridad, de no repetir el bautismo administrado en una de nuestras Iglesias a alguien que desee inscribirse a la otra”. Es parte del punto 11 de la “Declaración conjunta” firmada el pasado 28 de abril por el sucesor de Pedro y por el sucesor del evangelista Marcos, el primer obispo de Alejandría de Egipto.

En primer lugar, llama la atención el tono utilizado por los dos papas, el católico y el copto ortodoxo: palabras cargadas de amor mutuo y de profunda estima el uno por el otro. Palabras abiertas que toman claramente distancia de las fórmulas: “Trataremos en total sinceridad”, es una expresión en antítesis con el lenguaje jurídico, y empeña mucho más. Como si quisieran invitar a los cristianos de las dos Iglesias a no temer, pues hay un compromiso asumido en el más alto nivel a avanzar en el camino hacia la unidad, pese a ser conscientes de que no será fácil. Hay algo del “ya” y del “todavía no” en esas palabras.

¿Qué hay tras este recíproco compromiso, cordial y solemne, de reconocer un único bautismo, renunciando a volver a bautizar aquellos que desean pasar de una Iglesia a la otra? Roma y Alejandría fueron Iglesias hermanas en los primeros siglos, hasta el quinto, cuando en el Concilio de Calcedonia (451) se separaron sobre cuestiones teológicas relativas a las dos naturalezas de Cristo (humana y divina). En realidad, en las motivaciones de este distanciamiento aparecen también aspectos políticos y culturales, y cierto grado de mutua incomprensión de los dos idiomas utilizados: el latín de Roma y el griego utilizado por las Iglesias orientales.

A ese distanciamiento, hay que agregar 14 siglos de falta de contacto entre ambas realidades, con en el medio el surgimiento en el siglo XVIII del surgimiento de la Iglesia copto católica.

Se volvió al diálogo después del Vaticano II, más precisamente en 1973, con el histórico encuentro entre el Papa Pablo VI y el Papa copto Sheuda III, predecesor de Tawadros II, el actual patriarca elegido en 2012. Mientras tanto, muchas cosas pudieron aclararse a nivel oficial y en las comisiones de diálogo teológico, aunque subsiste una gran diferencia debida al largo tiempo transcurrido y a las tradiciones que se han desarrollado en modo autónomo.

Pese al gran impulso hacia la unidad, ambos Papas son conscientes de las resistencias internas y de la postura existente en ciertos ambientes eclesiales, favorables a volver a bautizar a los fieles que de una Iglesia pasan a la otra. Así como hay críticas internas que exponentes católicos dirigen a Francisco, también Tawadros tiene a sus opositores. El Papa copto ortodoxo sería considerado como demasiado abierto: además de haberse encontrado con Francisco en Roma, en 2013, también quiso participar de la asunción del patriarca copto católico Sidrak. El mismo Tawadros, además, desde mayo de 2014, propone un camino para encontrar una fecha fija para la celebración de la Pascua en todas las Iglesias cristianas.

En fin, pese a la estatura espiritual de los dos Papas y a su amistad, no es fácil ejercer este servicio, ayer como hoy, en Roma o Alejandría. Hace falta determinación, coraje para seguir al Espíritu y una gran dosis de amor. Y una mirada que apunte decididamente hacia lo alto.

 

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  1. LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD NUNCA FUE SENCILLA, QUEDA PLASMADO EN LA ORACIÓN SACERDOTAL. Se necesitan corazones abiertos, audacia: sumergirse en la oración y el diálogo con total docilidad a la acción del Espíritu Santo:Ñ sin respetos humanos, pero con extrema CARIDAD. Ocurrirá, es la VOLUNTAD DE DIOS, sin embargo el camino es arduo. Saber acoger la diversidad es un acto heroico anclado en la sabiduría que viene por la gracia.

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