El adiós a Rafael Braun

El adiós a Rafael Braun

Este 9 de octubre nos dejó un ser de múltiples intereses: renacentista nato, jesuita, cultor de la filosofía, inquieto, curioso, escuchador profesional, orador nato y polista, entre otras cosas.

¿Algo más? Sí, participó activamente de la nonagenaria Revista Criterio, que dirigió entre 1978 y 1995.
Hombre interesado por aportar a la sociedad, sin limitarse a los creyentes. Firme promotor de la democracia.

De su vasta acción, me limitaré a una muy pequeña, pero de un alcance fenomenal: el servicio de la Pastoral Universitaria.

Equipo de gente que conocí en los 80 tempranos y frecuenté durante 10 años.

Allí Raffy supo congregar una comunidad variopinta de estudiantes de diversas facultades, que nos congregábamos en la preciosa capilla (devenida iglesia años más tarde), en la Plaza Bernardo Houssay.

Lugar que tiene toda una historia aparte, porque allí funcionaba el viejo Hospital de Clínicas, que fue demolido en 1975, y en el medio estaba la capilla.

Los obreros señalaron que la capilla en cuestión resistía los embates de demolición, cuestión que provocó un replanteo en la ejecución de la obra y se decidió la permanencia de la capilla.

He allí un “primer milagro”. Lo único que no perduró fueron los vidrios de sus ventanas, como es de esperar. Entonces, fue convocado el vitralista Carlos Uría, y San Lucas cobraría luminosidad edilicia. Pero la mayor, fue la que se construía allí en forma cotidiana.

El servicio de misas, era cerca de las 12:30 de lunes a viernes. Los servicios eran: 19:00; 20:15 y 21:30 hs.
El horario más nocturno en toda la arquidiócesis, que buscaba estar al servicio de las costumbres porteñas, permitiendo el disfrute dominical, y cerrar la semana con alternativas de misas nocturnas varias.

Esto iba acompañado de múltiples actividades que se daban cita en San Lucas, amén de todo el laburo que se hacía en cada una de las facultades de la UBA.
A la FCEyN estaba asignado Pedro Trevijano, sacerdote español simpático, que también estudiaba matemática.

La función de Raffy era la de armar equipos, coordinarlos, y luego dejar que las cosas fluyeran, con la polenta de lo que nos unía: la fe.

De las misas dominicales, la que suscitaba mayor audiencia era que oficiaba el Padre Braun, porque uno se llevaba un plus misterioso. Raffy era una persona que no buscaba ser el centro, sino que invitaba a reflexionar en conjunto.
Aquella comunidad acompañaba activamente, haciendo que la vida fluyese de maravillas.
Inolvidables las misas de Nochebuena, que se celebraban al aire libre.

Damos fe que cumplió su misión en la tierra, y con creces, independientemente de su parentesco familiar con algún funcionario gubernamental, que poco aporta al enorme laburo que supo hacer.

Un ser de una fe tan lúcida y contagiosa, como los vitraux de San Lucas, se nos fue y sigue iluminando.

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