Bolivia: el país que más crece en la región

Bolivia: el país que más crece en la región

No solo se ha incrementado la economía, se ha mejorado el ingreso y la redistribución, la pobreza bajó en diez años del 63% al 39%. Algunas claves para leer sus resultados.

Pese a que el resto de la región sudamericana avanza a ritmo más lento, cuando no retrocede, la economía de Bolivia sigue creciendo a un ritmo sostenido. Este año, el FMI pronostica un incremento de su economía del 4,2% y otro 4% se vaticina para el 2018. En 2016, Bolivia creció en 4,3%, la comparación con el resto de la región sudamericana confirma que se está bastante por encima del resto de los países: Paraguay (+4,1%), Perú (+4%), Colombia (+2%), Chile (+1,6%), Uruguay (+1,5%), al tiempo que Venezuela, Brasil, Argentina y Ecuador registraron una baja.

En los últimos 10 años, el país avanzó en sus indicadores además de un crecimiento promedio anual del 5%. Una transformación importante, para un país que ha comenzado a utilizar sus recursos y potencialidades para beneficiar a gran parte de la población y no solamente el sector más rico.

No fue fácil la puesta en marcha de un nuevo rumbo político y los primeros años fueron marcados por una acentuada confrontación con un gobierno sostenido por una coalición de grupos sindicales y organizaciones sociales indígenas y campesinas. Sin embargo, el clima polarizado fue menguando y se alcanzó una sustancial estabilidad a la que se agregó una baja de la pobreza, del 63 al 39% de la población. El propio FMI, un organismo no particularmente en sintonía con el Gobierno de La Paz, destaca una mejora de la distribución del ingreso, que ha reducido la fuerte desigualdad de otros años.

Otro factor clave, acaso el más importante para obtener estos resultados, implicó en 2006 la nacionalización de los hidrocarburos. En algunos casos eso supuso que algunas actividades privadas pasaran a manos del Estado, en otros casos hubo una renegociación de los contratos. Pese a los vaticinios catastróficos de una huida general, una docena de multinacionales suscribieron nuevos contratos con la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Un punto clave fue la fijación del tributo sobre el valor de la producción de entre el 50 y el 85%. Entre otros factores, los dos señalados permitieron multiplicar por diez los ingresos fiscales (de 600 a 6.000 millones de dólares), impulsando inversiones públicas y dinamizando la demanda interna.

Bolivia necesitaba de importantes inversiones en políticas sociales, pues el 63% de su población era pobre. Eso se hizo, pero en modo prudente, cuidando además del ahorro público necesario para los tiempos difíciles. De este modo, los 700 millones guardados para ese fin, se han transformado en 20.000 millones de dólares. Cuando comenzó en 2014 a caer el precio de las materias primas, el Estado pudo compensar la reducción de ingresos gracias a ese ahorro previsor. Desde el blog del FMI “Diálogo a Fondo”, se destaca además que en estos años se ha reducido notablemente la dolarización pudiendo dinamizarse el sector financiero a través de una política monetaria propia.

Los buenos resultados conseguidos, sin embargo, imponen al país el desafío de como diversificar su economía que en gran parte depende de sus exportaciones de gas a Brasil y la Argentina. Se está incrementando la venta de diesel, estaño y soya, pero son iniciales y deberán consolidarse. Falta, además, avanzar en la desigualdad y en la inversión en políticas sociales y superar el clima de enfrentamiento que se advierte como latente. Los intentos de conseguir un nuevo mandato del presidente Evo Morales azuzan las diferencias ideológicas y debería comenzar más bien una transición postulando nuevas figuras. No es tan simple, lo sabe bien la canciller de Alemania en el poder desde 2005, donde quedará por cuatro años más. Pero, al menos en lo económico el país ha inaugurado una senda nueva para su futuro.

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