Benito: el santo que nos reconcilió con el trabajo

Benito: el santo que nos reconcilió con el trabajo

Con su lema, “ora y trabaja”, el fundador de los benedictinos puso el trabajo al mismo nivel de la oración, superando así la idea de que fuera una condena.

Hoy el santoral de la Iglesia católica recuerda a Benito de Nursia (en el corazón de Italia), el fundador de los benedictinos conocidos por el lema: ora y trabaja (ora et labora, en latín).

No es fácil hacernos una idea del papel que ha tenido esta figura en el desarrollo de la cultura europea. Estamos tan acostumbrados a juzgar, apresuradamente, la Edad Media como los siglos de la oscuridad, lo que no nos permite ver la luminosidad de ciertos procesos, aunque en medio de sombras… como en todas las épocas históricas.

En primer lugar, como exponente del movimiento religioso conocido como monaquismo, contribuyó a salvar el patrimonio cultural de la antigüedad, recuperado, copiado y conservado en las abadías y monasterios que se difundieron en cientos de ciudades expuestas al vacío de poder, la anarquía y las luchas entre señores feudales como consecuencia del colapso del estado romano. Si hoy tenemos acceso a gran parte de ese pensamiento y si fue posible alimentar una continuidad de nuestro pensamiento, lo debemos a este movimiento.

Los alrededores de las grandes abadías se transformaron además en espacios de recuperación de la civilización. El lema “ora y trabaja” tuvo mucho que ver con ello. Benito supera con esta síntesis una visión negativa del trabajo considerado en la antigüedad como una actividad no apta para la vida buena y más propia de los esclavos, como una suerte de mal necesario. Influyó en ello incluso cierta cultura cristiana que asoció el trabajo al pecado original de Adán y Eva y su salida traumática de del Paraíso terrenal, cuando se les anunció de que el trabajo sería fuente de sudor y esfuerzo para sacar los frutos de la tierra. Era una condena. Y hasta nuestros días encontramos rastros de esta idea en nuestra concepción del trabajo. Se le escapaba a esta visión que el propio Dios es quien trabaja en la creación del universo y que por ello se toma descanso. Asimismo, no se consideró lo suficiente que el propio Jesús, hijo de un obrero, fue obrero durante la gran parte de su vida.

La intención de Benito, con su lema, no es la de indicar las dos actividades principales del monje, orar y trabajar, como un remedio al ocio, sino que pone las dos actividades al mismo nivel. Trabajar es tan importante como orar. La meta para el cristiano, la santidad, se puede alcanzar siguiendo esta dúplice senda. Y el trabajo, conviene subrayarlo, es además una de los principales espacios de socialización. Orar y trabajar por tanto unen tierra y cielo, sacro y profano, inmanencia y trascendencia, unen las personas y las vinculan superando viejas dicotomías.

A partir de este modelo de vida, los conventos son fuente de confianza (en latín, fides que tiene la misma raíz de fe), allí se realizan contratos importantes, allí se establecen garantías de cumplimiento de los mismos, se dirimen diferencias y se recomponen litigios. Las grandes ferias periódicas, se asientan en sus inmediaciones, los mercados dan primeros pasos. Se reciben bienes, pues son comunidades de cientos de monjes y se establecen pautas sobre la buena administración. Nacen principios de cooperación que inspirarían sucesivamente el mundo del cooperativismo.

Nacen en los conventos los primeros principios de gestión democrática del poder. En épocas en que el poder se heredaba, los superiores, abades, priores son elegidos por los monjes a través de mecanismos cuidadosamente establecidos…

Es éste el terreno que fue abonado por el movimiento benedictino y monacal europeo y que fecundará el sucesivo movimiento humanista y renacentista. Los movimientos espirituales serán los codificadores de los primeros elementos de las nacientes teorías económicas. Durante más de 300 años, hasta mediados del siglo XVIII, los teóricos de la que conocemos como economía de mercado serán, principalmente, franciscanos quienes elaboraron desde la teoría del valor y del interés, a la partida doble para la contabilidad. Y será una economía bien distinta del capitalismo, incluso el actual, se fundará en la reciprocidad, en la creación de verdadera riqueza, en la lucha sistémica contra la pobreza a través de la generación del trabajo. Una visión que deberíamos recuperar.

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